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Septiembre 27, 2006
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IMPORTANTE
Septiembre 19, 2006
Ya estamos por comenzar. La idea es empezar el 1ero de octubre (1/10) Querríamos, sin embargo, ampliar aún más la cantidad de participantes (somos 31 hasta el momento).
Así que si estas visitando la página por primera vez, no dudes en inscribirte, mandando un mail a neo_pala@yahoo.com.ar.
Para obtener la información básica del proyecto, leer “¿Qué es Neopala?” y “Una breve descripción”, que se encuentran más abajo.
sobre el conflicto
Septiembre 17, 2006
Uno de los cuestionamientos más comunes que se han dado hasta aquí surge del tema del “conflicto”. ¿Cuál es nuestro interés de disputa? ¿Qué es lo que nos compromete y hace interesante esta aventura? Trataré de dar contestación a este fundamental interrogante en estas breves líneas.
En cualquier videojuego, desde los antiguos hasta los más actuales, nos encarnamos en el protagonista y lo manejamos a través de obstáculos y contrariedades. Analicemos más profundamente qué estamos haciendo al identificarnos con un Super Mario Bros o con un Wonder boy. ¿Qué es lo que nos interesa de manejar a un muñequito en 2d en su lucha contra pequeños engendros?
Este es un problema muy oscuro. Pero lo cierto es que nos pasábamos horas en frente del family game tratando de pasar niveles y matar a los monstruos finales. Buscábamos y aún lo hacemos, nuestra propia gloria en la de esos personajes. Ganar dinero, salvar a la princesa, ser un héroe. Todo eso aumenta nuestro sentimiento de poder, nuestra vanidad.
Esta tradición del héroe y su camino, se remonta a la antigüedad clásica, pero es interesante preguntarse por qué prende tanto en la actualidad.
Los juegos de video y aún los de rol son un producto necesario de una cultura individualista y narcisista. Cada uno de nosotros es el centro de este mundo, y es ese pequeño fontanero italiano de bigotes que recorre el camino de la vida matando bichos, salvando princesas y entrometiéndose en cañerías que prometen jugosos tesoros.
Suena ridículo, pero sí, estoy afirmando de alguna manera que todos o la mayoría de los juegos que he jugado en mi vida estaban teñidos de una ideología individualista, egoísta. Hay que esforzar la memoria para encontrar juegos, ya sean de video, de rol o de mesa que no se centren en la realización de nuestras vanidades individuales, en nuestras ansias de logros materiales o de honra y gloria. Lo pienso mil veces y no se me ocurren juegos centrados en la construcción colectiva de algo, en vez de en la competencia de egos. ¿Por qué a nadie se le ocurre pensar en juegos en que en vez de mostrar quien la tiene más grande, tratemos de construir, de crear algo confrontando nuestras ideas? Simplemente porque la mayoría de la gente no quiere eso. Aunque lo niegue, se estimula con ese tipo de actividades lúdicas porque ellas son un reflejo de su vida cotidiana.
Entonces cuando se habla de que en Neopala no hay conflicto, hay que reconocer que de alguna manera es cierto. Aquí no hay conflicto como lo había en el “Doom”, o en el “Street fighter”. La concepción de conflicto aquí es diferente. No se trata de intereses individuales.
Pero… ¿de qué conflicto hablo?
Apoyándome sobre todo en Nietzsche y en algunas elucubraciones relacionándolo con Durkheim y otros autores, se me ocurre que podríamos caracterizar a este hombre moderno como escindido en dos, como portador de dos éticas: una judeo-cristiana y otra de carácter más hedonista. La primera, conteniendo los valores de caridad y altruismo, prima en nuestras relaciones más íntimas y tiene como núcleo el seno familiar; Durkheim diría que es la moral de la solidaridad mecánica. La otra, privilegia el beneficio personal, y se vincula con las relaciones capitalistas de producción y el mercado; sería la moral de solidaridad orgánica. Por un lado somos esas bestias Hobbesianas que necesitan ser reguladas por un Leviatán para no sacarse los pelos; por el otro somos ovejas piadosas de rebaño. Lo que estoy diciendo no es nuevo, y esta escisión, propia de la modernidad ha dado surgimiento a mucho material filosófico. La angustia sería una de las consecuencias fundamentales de esta esquizofrenia moderna, reflejada por ejemplo en el existencialismo.
Pero para que sigamos existiendo, para no volvernos realmente unos esquizofrénicos, es necesario que una de las fuerzas en pugna -el egoísmo y la moral cristiana- se imponga sobre la otra. Porque como dice Nietzsche, el “hombre que no olvida nunca sale de nada”, no puede seguir adelante, crecer y desarrollarse. Y la conciencia humana es tan estrecha que necesita directivas claras de acción, precisa trabajar en la simplificación y no tiene tiempo para inmiscuirse en debates éticos ante cada acto cotidiano. Es de esta manera como el egoísmo se impone en nuestras acciones de todos los días, y no sólo allí, sino incluso en nuestros entretenimientos, en nuestras relaciones eróticas, y en muchos lugares más. Nos convertimos de esta manera en individualistas por inercia, tenemos culpa y dilemas morales, pero no podemos detenernos a pensar. Pasa un niño, nos pide una moneda, y a pesar de que nos llenamos la boca hablando de “la derecha” y de la necesidad de solucionar la miseria y la pobreza de la gente; seguimos de largo, nos olvidamos de aquello, porque vamos preocupados en nuestro parcial de la facultad o en nuestro encuentro con una señorita.
Como dice Marcuse, este hombre moderno vive enfrascado en la “positividad”, en su vida pragmática. Se pone un balde en la cabeza y sesga todo lo no relacionado con él. La “negatividad”, lo que no está – o las contradicciones del sistema para Marx- fue desterrada hace cosa más de un siglo. Lo que no se ve no existe. Es aquí donde entra esa famosa arma Nietzscheana, el olvido. Sin darnos cuenta, en un proceso casi inconsciente, nos sacamos de la cabeza las ideas que perturban el curso normal de nuestros acontecimientos. A alguien en su “sano juicio”, ¿se le ocurriría plantearse, porque en vez de ir a estudiar a Marx en la facultad, no va a ayudar al asentamiento de indigentes de al lado del tren? La negatividad, lo que no se ve, lo borramos.
Bueno, este fue un intento de entender porque jugamos al Doom, al Wonder boy y no a Neopala. Los que sostienen que Neopala no es conflictivo, afirman de alguna forma, que lo único conflictivo es ganar dinero, hacer una buena transacción o levantarse una hermosa damicela. Y ¿qué pasa con nuestros valores, con esas ideas que se dejan de lado, que sólo las mantenemos quizás de una forma hipócrita, porque después no se traducen en actos? ¿Qué sucede con esas ideas revolucionarias que sostenemos en una charla de café?
Neopala es desatar un conflicto latente en cada uno de nosotros. Hablamos de un conflicto diferente. No se trata de sortear obstáculos para obtener la gloria. Se trata de aclarar nuestros pensamientos más íntimos, de darnos cuenta en la contradicción en que estamos viviendo. Si eso no es conflictivo… ¿entonces qué?
Y no sólo eso, conflictivo será también concertar opiniones, ideas y visiones del mundo con otros; descular “intersubjetivamente” el problema de la negatividad.
CONZI
EL PRIMER SIMULADOR DE POLITICA ANTI SISTEMA
Septiembre 6, 2006
Me complace presentarles el primer simulador político que no es una copia de los sistemas partidarios de la actualidad.
Neopala es un espacio en el que, espero, podamos darnos cuenta discutiendo de como quisieramos que sea la sociedad en que vivimos. Por primera vez en la historia podremos hacerlo. Muchos escritores han soñado con utopías pero lo han hecho solos dialogando con sus cavilaciones. Ahora es diferente. Podremos discutir seriamente, aunque se trate de una simulación, cuales son los valores que pretendemos realizar en nuestras efimeras vidas humanas, y que instituciones son las indicadas para ello.
Nada de representar una y otra vez la parodia de la política partidaria burguesa. Una misma obra que se repite todo el tiempo, y en la que solo cambian los actores. Un sistema que se yergue sobre el hombre como fuerza ajena, cuando en realidad debería ser él quien lo controle. Basta de burocracia y de hombres perdidos entre papeles y llevados a actuar por voluntades imperceptibles e impersonales.
Aquí seremos libres, nos veremos las caras (aunque sea virtualmente) y no seremos arrastrados, subyugados por una fuerza extraña, la política, la economía, que nosotros mismos creamos pero que nos domina completamente.